domingo, 27 de octubre de 2013

LOS TRASLADOS DE LA VIRGEN DEL ROCÍO

Los traslados de la Virgen del Rocío a su pueblo de Almonte vienen desde hace siglos; la aldea del Rocío se encuentra a tres leguas del pueblo de Almonte. Cuando en Almonte ocurría algún hecho como epidemias, guerras, sequías, malas cosechas o hambre, se traía a la Virgen del Rocío, donde permanecía el tiempo necesario en la parroquia de la villa, donde se le celebraban cultos y misa, para ser devuelta después a la ermita del Rocío.El primer documento escrito sobre un traslado es en el año 1607, donde un se cuenta el traslado de la Virgen hasta el pueblo de Almonte por "sequía", el día 21 de abril de 1607. La Virgen del Rocío ha sido trasladada mucho antes del año 1607, sin embargo hoy en día no existen documentos escritos sobre estos traslados.Posteriormente la Virgen del Rocío ha regresado en numerosas ocasiones a Almonte. Cabe destacar un año, en el que llegó a ser trasladada en tres ocasiones. Este hecho ocurrió en el año 1738 donde queda recogido en un documento.Por estos traslados en el pasado, a mediados del siglo XX, el pueblo de Almonte decide que cada siete años la Virgen del Rocío visite a su pueblo. Se trata, pues, de una tradición relativamente reciente, que data del año 1949.
Cuando surge esta nueva tradición de los siete años, la virgen es trasladada en agosto en fechas del conocido Rocío chico. Durante este camino hacia el pueblo, la Virgen va tapada para que el polvo que se levanta no dañe su estructura. Los adornos del paso es tradición que sean llevados por las ancianas almonteñas, conocidas popularmente como "las abuelas almonteñas". El camino de ida es nocturno, está salpicado de hogueras y se hace campo a través por sitios previamente determinados, que cada siete años constituyen el mismo itinerario.Al llegar a Almonte, la Virgen es colocada sobre una tarima, para ser bien vista por todos, en el lugar llamado “El Chaparral”. Allí, las camaristas de la Virgen son las encargadas de quitarle el "pañito" que cubre su cara y posteriormente el guardapolvo que cubre toda la imagen en el camino. La tradición manda que el velo ha de ser quitado en el momento en que el primer rayo solar del día ilumine el rostro de la Virgen. En ese momento cientos de trabucos y escopetas disparan salvas en honor de la Virgen.En Almonte permanece nueve meses; dos semanas antes de la romería del Rocío, la Virgen sale, vestida de reina, en procesión por el pueblo de Almonte. Una semana después, es vestida de pastora y se traslada de nuevo a la aldea del Rocío, donde una semana después se celebra la tradicional romería de Almonte, la romería del Rocío.
- Los exornos de las calles
 Sobre los primeros documentos de los traslados a Almonte, no existen ninguno que mencione el exornos en las calles de Almonte para recibir a la Virgen del Rocío.En el Siglo XXIII se habla de recibir a la Virgen ya en el Chaparral por el clero, con palio, capa pluvial y cruz parroquial donde dice instalarse unos bancos, alfombras y candelabros; no se dan más detalles.Los primeros documentos sobre los exornos de las calles, se hace presente en el año 1855, cuando el Ayuntamiento se preocupa de dar mayor solemnidad a los traslados diciendo "por ser cosas que no solamente se da culto a la madre de Dios, sino también lustre y honra a este pueblo y al Ayuntamiento que lo representa". En otro acta de 1887 se habla de pagar la construcción y adornos de dos arcos de triunfo, uno en la calle Pescadería (hoy venida de la Virgen) y otro en la calle del Cerro cuyas cuantías ascendían a 25 y 12 ptas. respectivamente.En la actualidad los exornos de las calles, son verdaderas obras de artes hechas por los vecinos de Almonte, se trata de una arquitectura efímera basada en madera y papel que representan arcos triunfales y templetes sobre columnas y pechinas de los más variados estilos arquitectónicos que va desde el gótico al barroco, aderezados con la impronta del gusto popular. Evolución de los primeros exornos de finales del pasado siglo, realizados con romeros, telas blancas y encajes

DIFERENTES NOMBRES DE LA VIRGEN DEL ROCIO.

ROCÍO


¿Qué es y qué significado tiene el rocío en la Biblia?

En el lenguaje bíblico el rocío es símbolo de las bendiciones de Dios.

El rocío es también en el lenguaje bíblico símbolo representativo de la acción creadora y vivificante de Dios, atribuida al Espíritu Santo.

La situación geográfica de Palestina, su relieve, su clima muy seco, explican esa estimación que el pueblo de Israel sintió siempre, hasta en nuestros días, por el agua, por las corrientes de las aguas, por la lluvia; explican también la importancia del rocío en la vida agrícola palestinense, tal como se refleja en la Biblia.

Nadie como el pueblo hebreo añoró con tan bella ilusión el campo fecundado por la corriente de las aguas. Los vientos dominantes que rigen el clima de Palestina, eran, como hoy, los que la Biblia llama del Negheb, que los actuales árabes palestinenses llamaban Hamsín, abrasador y sofocante, mustia las plantas y lo cubre todo de un fino polvillo del desierto, acentuando así la impresión de aridez.

El viento del Mijan, de poniente, del mar, trae siempre la nube, la lluvia, el rocío refrescante y fecundador. Durante las noches, excepto cuando sopla el Negheb, el viento del mar, cargado de humedad, produce en la fría madrugada rocío tan abundante como una mansa y fina lluvia. Fácilmente comprenderemos la gran estimación que del rocío hacían los hebreos.

Pueblo de tan alto sentido religioso y poético como el hebreo, desde muy antiguo hizo del rocío símbolo de fecundidad y bendición:

La valoración significante del rocío como símbolo de bendición y fecundidad siguió una línea evolutiva, desde la simple fecundidad física de la tierra, hasta alcanzar el más alto sentido de fecundidad sobrenatural y espiritual. Ápice de la elevada significación sobrenatural del rocío en la Biblia es el vaticinio de Isaías:




Cielos, enviad rocío de lo alto,
y las nubes lluevan al justo:
ábrase la tierra y brote el Salvador
(Isaías, 45, 8)
 


La Santa Iglesia nos recuerda muy apropiadamente ese mismo poder fecundante sobrenatural del rocío del Espíritu Santo en la postcomunión de la misa del domingo de Pentecostés "Sancti Spiritus, Domine, corda nostra mundet infusio: et sui roris intima aspersione foecundet". (Oh Señor, que la infusión del Espíritu Santo purifique y limpie nuestros corazones, y, penetrándolos hasta lo íntimo con su divino rocío, los haga fecundos).

A muy grandes rasgos hemos expuesto lo que el rocío es y significa como símbolo religioso de fecundidad en el Antiguo y en el Nuevo Testamento, y en la liturgia de la Iglesia.

El pueblo almonteño, con fino y vivo sentido de fe, cambió, el nombre a Santa María de las Rocinas y la llamó y nombró desde 1653 del ROCIO, con evidente e intencionada alusión al místico rocío del Espíritu Santo, dador de vida y dentro de los cambios interiores y de espiritualidad que por entonces se vivían en la Iglesia. Y su fiesta, para completar la religiosa intención, se estableció en la pascua de Pentecostés, en lugar de la anterior del 8 de Septiembre, Natividad de Maria.
 
Grabado más antíguo conservado de la Virgen (1720-22)


Con este título y nombre del Rocío y celebrada en Pentecostés, queda perfectamente delineada la figura de María en el contexto general de la historia de la salvación, y situada en el centro mismo de la vida y de la fecundidad sobrenatural de la Iglesia; María y la Iglesia, encontradas en ese lugar que es la fecundidad para la vida cristiana, parecen haber hallado su expresión más perfecta en la devoción rociera.

Todos estos profundos y sutiles conceptos teológicos tienen su expresión plástica, iconográfica, en la imagen de María Santísima del Rocío.

Intentemos hacer, en palabras de Juan Infante-Galán y sintetizando lo más posible, el estudio iconográfico de la imagen de la Virgen del Rocío.

"Imagínate ante ella; recuérdala con toda su imponente y humilde majestad, toda vestida de oro. Inscrita en la grandiosa y dorada mandorla, pero con libre y sencilla elegancia, adopta esa hierática actitud oferente del Hijo; la imagen de la Virgen del Rocío no representa, no ofrece a nuestra contemplación un suceder, un ocurrir histórico, en el tiempo; no se mueve ni ejecuta acción alguna, simplemente, está, permanece, con toda la palpitante inmovilidad de lo eterno.

Su acusada frontalidad, la rígida forma triangular envolvente de toda la figura, el oro que la viste y rodea con su fulgor, su vivo hieratismo, dan a la imagen de la Virgen del Rocío un intenso y supremo valor sacral y religioso, que la iguala y aun la sobrepone a las más perfectas creaciones de la iconografía sacra del Oriente cristiano. 



El Niño está en el centro de la figura y sobre el vientre de María, expresando así con múltiples sugerencias el carácter cristocéntrico de la persona de la Madre. Este Niño, coronado, con mundo y cetro, entronizado en las manos y sobre el vientre de la Madre, como Pantocrátor, según la concepción paulina, acentúa el carácter soteriológico de la Divina Maternidad de María.


La imagen de la Virgen del Rocío es una interpretación no realista, sino abstracta, teológica, de la persona de María en la plenitud de su función maternal: respecto de Cristo-Salvador-Cabeza del Cuerpo Místico, y, consecuentemente, respecto de los cristianos, de la Iglesia, de los hombres.

La misma actitud hierática de la Virgen, su rostro pleno de vida interior, en concentrada contemplación del Hijo; sus bellos ojos redondos, de paloma, contemplan con toda la redondez de su mirada sólo al Hijo, y, a través de El, todas las cosas recapituladas en el Cristo. Su rostro hermosísimo, nos refleja un denso, profundo y luminoso pensar interior, consciente de su humilde y sublime dignidad. María, contemplativa; María, orante, con oración latréutica; María, Iglesia, intercedente por la Iglesia"
......

"¿Has parado alguna vez tu atención en esas rosas que, del hombro al filo de la saya, rodean por ambos costados a la Virgen?




No son simplemente decorativas, sino expresión plástica de aquello que musita la esposa del Cantar, descaecida de amor: "Fortalecedme con flores y aprestadme con manzanas, porque desflaquecída estoy de amor" .


 


PASTORA DE LAS MARISMAS
 
Comenzó el pueblo almonteño a llamarla así por el traje de pastora que viste en sus venidas al pueblo; en el lenguaje coloquial almonteño, cuando se habla de la venida de la Virgen, se la suele nombrar La Pastora, sin más. Luego cundió el decir, y el bello apelativo se completó y convirtió en Pastora de las Marismas, nombre bien dicho y traído, y mejor aplicado a la Virgen del Rocío, por la tradición pastoril de la misma marisma almonteña. Y el Niño de la Virgen vino de este modo a ser llamado Pastorcito del Rocío.

Después de todo lo de antes dicho, no es necesario razonar con citas el fundamento bíblico de este nombre aplicado concretamente a la Virgen del Rocío, nombre que, por otra parte, como dicho de la Virgen, es de muy antigua tradición religiosa y literaria. Gonzalo de Berceo ya apellidaba así a la Virgen:


Ésta es buena tienda, ésta buena pastora,
que vale a todo hombre que de buen cuor la ora.

Y hasta el Santo Maestro Juan de Ávila, más de una vez llama en sus sermones, pastora a la Virgen:

"Y pues aquí somos venidos para ser apacentados con la palabra de Dios, y la Virgen sin mancilla es nuestra pastora después de Dios, supliquémosle que nos apaciente, alcanzándonos gracia."

Bien dicho está, pues, este nombre que por tantas razones tan perfectamente le cuadra a la Virgen del Rocío, Pastora de las Marismas.


 
BLANCA PALOMA



El pueblo almonteño, fuertemente agarrado a su tradición, acostumbra aclamar a la Virgen con ese nombre que sus antepasados dirigían al Espíritu Santo: ¡Viva esa Blanca Paloma!

Esa blanca paloma era el Espíritu Santo, que desde que le fue cambiado el nombre a la Virgen, se puso en el camarín, sobre la cabeza de la Señora, y en el techo del palio, y hasta bordado en el centro de su manto.


Al Espíritu Santo, pues, se dirigían esas aclamaciones. Borrado del conocimiento del pueblo, con el correr de los tiempos y la general incultura religiosa, el profundo contenido teológico y de espiritualidad de la devoción rociera, el ¡Viva esa Blanca Paloma! fue entendido por todos, los de casa y los de fuera, como dicho por y para la Virgen.

En el lenguaje bíblico, la paloma no es sólo figura y símbolo del Espíritu Santo, sino que significa y representa también al pueblo de Israel, al pueblo de Dios, a la comunidad perfecta de la gracia mesiánica, a la Iglesia.

La paloma, símbolo del Espíritu Santo y de la Iglesia –de María también como tipo y figura de la Iglesia-, viene a ser en la devoción rociera signo de la vinculación del estrecho nudo que existe entre el Espíritu Santo, María y la Iglesia. A la Virgen del Rocío le viene propia y exactamente dado ese bello piropo bíblico de Blanca Paloma.

SU CAMINO

La salida de la Virgen del Rocío se da en la madrugada del lunes de Pentecostés, se da después de acabar el rezo del Santo Rosario que comienza a media noche, pasando todos los simpecados por delante de la ermita hasta que llega el de la hermandad matriz de Almonte, que entra en la ermita y debe llegar al presbiterio, siendo en ese instante cuando se produce el salto de la reja. La Virgen se encuentra en unas parihuelas en el presbiterio. Por todo esto, nunca se puede predecir con exactitud la hora de salida de la Virgen. 
Este camino puede hacerse de diferentes maneras, hay peregrinos que lo hacen andando, algunos por motivos religiosos, por promesas, diversos motivos, otros a caballo, cosa que causa la muerte de muchos, otras en charres , coche de caballos, o carretas decoradas por ellos mismos. Esto les lleva mucho tiempo e incluso meses de preparación. 



EL BICENTENARIO DE EL ROCIO CHICO

La Virgen del Rocío culmina el año Jubilar enmarcado dentro del año de la Fe con una nueva salida extraordinaria, la cuarta de 2013 por la conmemoración del Bicentenario del Rocío Chico.

Esta sin duda era muy especial por como lo hacía, sin palio, con la ráfaga de pinchos, con el traje de los Duques de Montpensier, con flores de talco, como hace doscientos años en una procesión que ha tenido una duración de más de siete horas y media, sin caídas al suelo.


A las doce de la noche, se iniciaba un Rosario público de la misma forma que realizan en la noche de cada 19 de agosto por las calles aledañas de la Aldea, pero con un final que iba a quedar marcado para el rociero, histórico, único.


Nunca hay un horario previsto del salto a la reja, pero la Hermandad Matriz barajaba la posibilidad de hacerlo entre las dos y media y las tres de la mañana. La tensión y las ganas no se hicieron esperar, a la 1,08 h. los almonteños se lanzaron a portar a su Patrona, sin haber concluido aún el Rosario. Los hermanos esperaron a la llegada del Simpecado hasta el Santuario, haciendo que la Virgen cruzara el dintel de la puerta en torno a la una y media de la madrugada y enseñarla una vez más a los rocieros que aún no llenaban las planadas por la premura de haber sacado a la Virgen pero poco a poco irían llenando las calles de la Aldea.


La Virgen del Rocío en el Acebuchal / MJ RODRIGUEZ RECHI
La Virgen del Rocío en el Acebuchal

Ahí comenzaba una procesión con el mismo itinerario de cómo si de un lunes de Pentecostés se tratara pero sin postrarse ante los Simpecados de todas las Hermandades filiales y con una gran masa de público congregada ante la Blanca Paloma.

No faltaron, los rezos, plegarias, sevillanas, cohetes, tamborileros y el repicar de las campanas en las casas particulares, en la Casa de Hermandades con la instalación de altares improvisados.


Huévar, Villamanrique, Umbrete, Pilas, Coria del Río, la Puebla del Río son algunos de los sitios por la que la Virgen transitó en una primera parte de la procesión lenta, llegando al Rocío de Triana pasadas las seis de la mañana.

La Virgen del Rocío en el amanecer / MJ RODRIGUEZ RECHI
La Virgen del Rocío en el amanecer

Continuó por la casa de las camaristas, seguir hasta Huelva para desembocar en el Eucaliptal, momento del alba. Poco a poco iría de nuevo la Virgen con lentitud, en la casa de los vecinos, Dos Hermanas y Jerez de la Frontera, esperaban la luz de la mañana con la bendición de los niños subidos a los pies de la Blanca Paloma, lágrimas en los ojos de los rocieros que guardaban en el disco duro de la vida una estampa inigualable.
La Virgen del Rocío con los primeros rayos de sol / MJ RODRIGUEZ RECHI
La Virgen del Rocío con los primeros rayos de sol

Con los primeros rayos del sol, cruzaba la calle Las Carretas con celeridad como es costumbre y visitar la Hermandad de Moguer y la Matriz, instante en el que era iluminada por la luz del sol.

A las nueve menos cuarto de la mañana efectuaba la entrada de nuevo en la Ermita y ser de nuevo posada en el presbiterio del Altar Mayor pocos minutos después.


Así acaba el año del Bicentenario del Rocío Chico, el del año Jubilar enmarcado dentro del año de la Fe pero ya solo quedan poco más de nueve meses para volver a disfrutar de Ella en la calle.

HISTORIA DEL VESTUARIO ROCIERO

Antes, el traje de flamenca o gitana era la indumentaria de la mujer andaluza de clase baja y de las gitanas de finales del siglo XIX y comienzos del XX, que no era mas que una bata acompañada de volantes que usaban para la faena. Mas tarde, el traje de flamenca conjuga tradición e innovación, pues si bien conserva una estructura básica sustentada en un cuerpo entallado sobre el perfil de la cadera y una falda de volantes, sobre este armazón la creatividad fluye. A partir de los años noventa, tras una década de trajes barrocamente recargados de encajes y cintas de raso, el traje de flamenca, en un alarde de sencillez, se desvistió de adornos y caderas escondidas, sufriendo una metamorfosis de la que salió ligero y sensual. Telas sedosas, colores lisos y el lunar comenzaron a envolver a una mujer que luce todo su contorno bajando talle y volantes, ya fuera desnudando los brazos o con ellos cubiertos. Ya superado el segundo milenio, se vuelve la mirada atrás  y se rescata el popelín sin renunciar al talle bajo, se parte el traje en dos piezas, y se agranda el lunar.  Los vestidos se adornan con complementos. Esto nunca tiene una estructura fija, si un año se lleva la flor grande y baja junto al moño, al siguiente pequeña y alta; si un año se lleva el pendiente de aro, al siguiente de pera; si un año se lleva el mantoncillo de flores pintadas, al siguiente de tela estampada.  



LA ERMITA DEL ROCIO.

- La ermita del siglo XIV
la primera referencia a un lugar de culto mariano en la zona data de la primera mitad del siglo XIV y se haya en el libro de la montería de Alfonso XI, en que se alude a una "ermita de Santa Maria de las Rocinas". En 1587 Baltasar Tercero Ruiz funda en la ermita una capellanía.
La primera ermita duro hasta el terremoto de lisboa, en 1755, que la dejó en ruinas. La Virgen del Rocio fue llevada a Almonte y estuvo allí durante dos años, celebrándose allí la Romería de Rocío en el pueblo Almonteño. La reforma de la ermita termino en el año 1758. Despues fue derruida en 1963 y se contruyo la ermita actual.



 





- Antiguo retablo de la Virgen del Rocío; en su paso para salir.





La Virgen en su Camarín - Vitrina. 

                              

        

                                                         La Ermita del siglo XIX
                                                La Ermita a pricipios del siglo XX
                                         
                           La fachada de la ermita tras la reforma de 1917-18
 

        La ermita tras la restaurcion de 1943, antes de su derribo en 1963
                                               La Ermita actual

viernes, 25 de octubre de 2013

HISTORIA DE LA VIRGEN DEL ROCÍO

Entrado el siglo XV , un hombre que había salido a cazar, hallándose en el término de la Villa de Almonte, en el sitio llamado La Rocina (cuyas incultas malezas le hacían impracticables a humanas plantas y sólo accesible a las aves y silvestres fieras), advirtió el ladrido de los perros, que se ocultaba en aquella selva, alguna cosa que les movía a aquellas expresiones de su natural instinto. Penetró aunque a costa de no pocos trabajos, y, en medio de las espinas, halló la imagen de aquel sagrado lirio intacto de las espinas del pecado, miró una Imagen de la Reina de los Ángeles de estatura natural, colocada sobre el tronco de un árbol. Era de talla y su belleza peregrina. Se vestía con una túnica de lino entre blanco y verde. Hallazgo tan precioso como no esperado, llenó al hombre de un gozo, y, queriendo hacer a todos patente tanta dicha, a costa de sus afanes, desmontado parte de aquel cerrado bosque, sacó en sus hombros la soberana imagen a campo descubierto. Pero como fuese su intención colocar en la villa de Almonte, distante tres leguas de aquel sitio, el bello simulacro, siguiendo en sus intentos piadosos, se quedó dormido a esfuerzo de su cansancio y su fatiga. Despertó y se halló sin la sagrada imagen, penetrado de dolor, volvió al sitio donde la vio primero, y allí la encontró como antes. Vino a Almonte y refirió todo lo sucedido con la cual noticia salieron el clero y el cabildo de esta villa y hallaron la santa imagen en el lugar y modo que el hombre les había referido, notando ilesa su belleza, no obstante el largo tiempo que había estado expuesta a la inclemencia de los tiempos, lluvias, rayos de sol y tempestades. Poseídos de la devoción y el respeto, la sacaron entre las malezas y la pusieron en la iglesia mayor de dicha villa, entre tanto que en aquella selva se le labraba templo. Se hizo , en efecto, una pequeña ermita de diez varas de largo, y se construyó el altar para colocar la imagen, de tal modo que el tronco en que fue hallada le sirviese de peana. Aforándose aquel sitio con el nombre de la Virgen de Las Rocinas.



jueves, 24 de octubre de 2013

LA ALDEA DEL ROCÍO


El Rocío es una aldea del municipio de Almonte, en la provincia de Huelva. en ella se celebra una importante peregrinación mariana, la Romería del Rocío. El pueblo cuenta con 1.635 habitantes, durante la romería de Pentecostés el número de visitantes ha llegado a alcanzar la cifra de aproximadamente un millón de personas. La primera referencia a una ermita con culto mariano en esta zona data de la primera mitad del siglo XIV y se encuentra en el libro de montería de Alfonso XI, en que se menciona una 'ermita de Santa María de las Rocinas'. en 1587 Baltasar Tercero Ruiz funda en la ermita una capellanía, y a mediados del siglo XVII cambia el nombre de Santa María de las Rocinas a Virgen del Rocío, se fundan las primeras hermandades y Almonte proclama a la virgen patrona de esta localidad.